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sábado, 8 de noviembre de 2008

Sobre el lenguaje y las cortinas de humo


Siempre me causó curiosidad la etimología de las palabras en general, pero una y otra vez caí en la cuenta de que siempre para cualquier explicación necesitamos más palabras. Eso no me sacaba mucho de los problemas en realidad: no existe ninguna explicación autosuficiente. Pero eso no evita que cuando yo te diga "hola" me entiendas, entonces debía ser mas simple. Pensé.
Pensé que antes de cualquier cuestionamiento a la validez del lenguaje como poder de entendimiento, estaba el hecho innegable de que antes de poder siquiera dudar de si funciona o no (mucho antes!) lo estuvimos usando. Sentí que el ser escéptico respecto de que los seres humanos puedan entenderse implicaba morder la mano que nos alimentó todo ese tiempo. Y no sólo eso: en el preciso momento en que hincamos el diente en la validez del lenguaje esa misma mano no deja de alimentarnos para que podamos decir "saben qué? no creo que el lenguaje sirva de algo". Y la verdad que a mi no va ese histeriqueo de hacerse el interesante, me dan ganas de vomitar el tan sólo imaginarme en una reunión, estirando la silla hacia atrás para decir con tono pseudosofisticado: "señores, tengo la convicción de que no entienden ni una palabra de lo que les estoy diciendo en este momento". Siempre pienso que esa gente debería quedarse callada para ser coherente, lo que no me molestaría para nada. En teoría alguien así no debería ni siquiera quejarse si le pisamos el pie... y ustedes se preguntarán qué clase de persona puede plantear algo así.

Pero yo miro, y mirando aprendí a oler a la distancia a cierta clase de personajes despreciables... los detecto tan infaliblemente como cuando se sabe que alguien va a decir algo estúpido, queriendo parecer que sabe, cuando antepone frases como "todo lo que es el/la"o "el tema de" (ej. "me gusta -todo lo que es- el arte", "me interesa -el tema de- el medio ambiente") abarcando todo para no errar, y por eso mismo incapaces de acertar en nada. Ambas expresiones sobran en cualquiera de ambas frases, como pueden verificar, pero uno sabe perfectamente por qué: es que esa persona durante un tortuoso segundo no sabe qué palabra usar, y como su narcisismo no le permite dejar al descubierto su ignorancia, necesita llenar el vacío con algo que le deje llegar adonde quiere que creamos que su conocimiento llega. "Ya que estamos -piensa este espécimen superdotado- puedo no sólo hacer pasar desapercibida mi ignorancia, sino además poder parecer en ese momento más inteligente". Por supuesto el crédulo siempre completa el trabajo diciendo "a mi también me gusta ese artista! y tal otro?". El impostor asentirá con la cabeza buscando en el secreto de la quiromancia (que no está para nada en la lectura de manos) las palabras que lo acerquen a poder seguir la farsa, y si espera que el tema se repita en el futuro, al llegar a su casa buscará por Internet la vida y obra del artista en cuestión, sin jamás mencionar este último detalle, claro está.

Por supuesto está ese capítulo de los Simpsons donde la mesa directiva discute la necesidad de un nuevo personaje en la serie de Tomy y Daly (Poochy), y la ejecutiva de pelo corto usa con énfasis ciertas palabras. Cuando Krusty le sigue el juego interrumpe un tipo con rasta sentado a la izquierda, sombrerito verde, anteojos y chivita diciendo: "disculpen, pero términos como «asertivo» y «paradigmático» no son los que usa la gente estúpida para parecer intelectual?... estoy despedido no?", y el jefe le dice que sí. Ese día supe que tenía un héroe y con mis amigos en la secundaria recordábamos esa escena riéndonos hasta el dolor de panza y los ojos llorosos.

Por alguna razón hay personas que no se permiten mostrarse humildes y sinceros frente a los demás, buscando siempre poder sentir que dieron al otro una impresión mejor que el pobre concepto que tienen de sí mismos, y por eso mienten, mienten asquerosamente. Yo obtengo una gran satisfacción ejecutando ciertos gestos que les hacen pensar que tal vez soy consciente de lo que hacen y por qué, y mejor mientras más pueda estirar su angustia por su incertidumbre en este punto.

Imagen: "Soir Blue", de Edward Hopper