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viernes, 30 de abril de 2010

Si dudás, redondeá para arriba


Un colectivo pasaba sobre la ruta 197 camino a Pablo Nogués y alejándose de la Panamericana, conmigo arriba. Pasaban de las ocho, y ya había anochecido. Así cedía el verano su paso. De día es fácil ubicarse, tener una dimensión del tiempo, e imperceptiblemente el sol regula lo que hacemos, según se ponga en lo alto o se acerque en el horizonte. Es como si a la noche eso no le gustara, como si renegase del modo en que el sol hace las cosas. Sean las 8 o sea madrugada hay sombra, a veces con luna, y eso es todo. Uno de mis pasatiempos como aspirante a antropólogo, aventurar concepciones animistas del universo. Imaginaba el punto de vista que suponía debieron tener los humanos hace miles de años. Es decir, cuando con la misma docilidad que ahora el mundo aceptaba que las cosas eran de tal o cual manera, solo que no existían aún las herramientas geométricas y menos todavía los viajes espaciales. La necesidad en ese entonces, como ahora, era que todos estuviesen de acuerdo en lo que el mundo es y en lo que se puede esperar de él, y quien fuese capaz de erigirse como poseedor de ese conocimiento, tendría el poder. Por como le veía, todo habría empezado por algo mas simple. Un golpe, y a lo mejor uno con garrote. La mujer se queda en casa y el varón sale a cazar. Y a la vez, el varón mas poronga se gana el respeto de los otros, ocasionalmente la obediencia. Esto me enloquecía y obsesionaba, porque a una escala infinitesimal empezaban las disyuntivas, variables a través de las cuales cada sociedad iba deviniendo en lo que vemos ahora ¿El lider es respetado o dirige con mano de hierro? La pregunta quedaba suspendida en el aire un momento, como parte de un ejercicio ritual. La angustia generada por el interrogante demandaba una respuesta a mi intelecto, quien por sus propios medios parecía no dar pie. Pero la angustia por sí misma tarde o temprano genera un calmante. Es un fenómeno psíquico, orgánico, que se manifiesta en forma de una idea. Mi objetivo era prolongar el mayor tiempo posible la ansiedad para encontrar una respuesta que realmente me sorprenda, y a la vez volver mi plato más y más apetitoso. Era esto lo que daba en un desenlace como de iluminación, de verdad revelada. En mi caso se daba al punto de cambiar el registro interno de la voz que a este ese momento había llevado adelante el proceso. En vez del escéptico impávido y minucioso, aparecía la seducción del orador. Lo primero fue dar con un término claro, que pudiese enlazar la serie de elementos hasta entonces inconexos y darles sentido. “Los recursos”. Según esa idea la clave para diferenciar el origen de los distintos tipos de liderazgo estaba en la disposición de recursos de subsistencia. Una red de comunidades podía convivir más o menos en paz si cada una tenía todo lo necesario para vivir y desarrollarse. Así parecía haber sido en el este de la Norteamérica precolonial, donde cada año las diversas tribus se reunían para competir por los mejores regalos. Esa parecía ser a la vez la razón de que pueblos surgidos de parajes inhóspitos como los vikingos y los mongoles fuesen grandes conquistadores. ¿Pero qué quería decir esto en el fondo? Así rezaba mi yo antes mecánicamente descreído, ahora absorbido por el hechizo de sencillez con que podía verse el asunto. Todo se trataba de la fuerza con que se imponía el poder cuando una sociedad está en peligro de desaparecer. Cuando los recursos son escasos comienza la lucha por sobrevivir, como en toda especie, solo que en nuestro caso aumentamos nuestras chances trabajando en grupos. Y enseguida pensé en los chimpancés o en los mandriles de la sabana tirando piedras a un gran felino. Intenté llevar esa imagen a la enésima potencia y pensé en una especie que fuese triunfando sobre todo el resto, expandiéndose por todo el mundo gracias a su combinación de grupo unido y manejo de herramientas. Nosotros. En ese caso, tarde o temprano la lucha por sobrevivir sería entre nosotros mismos. Sentía en el fondo que había alguna clase de ecuación al estilo “Relación apellido alemán-apellido noruego” que cuantificaba los elementos de este enfoque, y que en tono glacial debía decir algo como “a menor disposición de recursos para un mismo número de comunidades (o a un mayor número de comunidades para una misma cantidad de recursos), es más probable que alguna/s de ellas devenga dominante para someter, expulsar o exterminar al resto”. Para quienes presentan una fijación pitagórica por los números y las fórmulas, es decir, para quienes este envase indica que dentro está la verdad buscada, esta especie de principio así presentado sería suficiente, pero mi ritual exigía más. Porque había una razón todavía más profunda que lo dirigía, a una escala más diminuta y por eso difícil de precisar. Pero yo la sabía, y la presentía como se espera la lluvia después de los primeros truenos. Se trataba de lo que era capaz de hacer una persona cuando se ve forzada a sobrevivir, sea lo que sea que eso signifique en cada caso. No era otra cosa lo que toda persona sondea cuando pregunta a otra que haría en tal o cual situación límite. Ezequiel hacía esas preguntas.

-Ponele que viene un chorro y te ata a vos y a tu familia en tu casa. Pero onda, viste esos chorros que se violan a gente que le roban y les pegan hasta dejarlos inconcientes.
 -Se.
-Bueno que son varios chorros y te están desvalijando, y entonces uno así el más poronga se pone gede- intercaló una pequeña risa, como de quien propone una jugada audaz- y se quiere violar a tu hermana que tiene síndrome de down, y los demás se cagan de risa y les cabe la idea.-Me detuve levemente en la sensación de mierda que la idea me provocaba, imaginando el escenario.
-Ahá. Bueno estaría atado, pero trataría de apelar a su moral, no sé, onda “No seas así, a ella no”, o sea que nos robe, ya fue, le prometo no hacer denuncia total sabe donde vivo.
-Pero es un chorro y violador, le chupa un huevo. Además no le estás ofreciendo nada que de por sí ya no te pueda sacar por tener un arma y saber donde vivís.
-Bueno no sé, grito a lo desquiciado para que no pueda cogérsela en paz, capaz desiste.
-O te pega un tiro, pero eso no salva a tu hermana, te salva a vos nomás de presenciar como la violan.
-Capaz… Pero si grito capaz alguien afuera escucha y eso no le conviene. Suponiendo que no me hayan amordazado. Ahí no podría hacer nada… De última me muerdo la lengua para empezar a chorrear sangre, a lo mejor eso espanta al más impresionable y empieza a presionar para irse a la mierda rápido. Viste que siempre hay un gil en las bandas.
-Si, en las películas de bandas… -risas de ambos-.Y ponele entonces -se rió ahora otra vez, como retrucando-, te querés hacer el loco pero estás atado y le decís onda que pare, y se te caga de risa. Y te dice que vos elegís, que te deja vivir violando a tu hermana y a tu vieja mientras vos mirás todo, o te mata y no les hace nada.
-Le digo que me mate. Pasa que ¿Cómo creerle? Si es un chorro que me está desvalijando la casa no voy a pretender que sea un tipo piola.
-Pero hay chorros piola, no es lo mismo que te la hagan fácil para que les des todo sin lastimarte a quemarte de una sin preguntar.
-¡Chorros piola! Jajaja igual eso suele ser porque vienen re duros de merca, bah antes. Ahora es con paco. El problema es que por más que no pueda saber si me dice la posta, sería una mierda vivir sabiendo mi familia ve en mí al que no dió la vida por la inocencia de su hermana. Que se yo, en el fondo me pregunto, ella seguiría viva, yo también, pero es una sensación de mierda. No es tanto por esa lógica de quien queda vivo y después remontarla como se pueda, que te admito sería mas racional, es más ese momento en que pensás en como va a ser tu vida si no te morís ahí aunque sea con la esperanza de que el gede esté diciendo la verdad y no la vayan a tocar después.
-No decís nada de tu vieja… -sonrisa malévola-. No la querés.
-Pero es mi hermanita boludo la que más importa, si hay alguien que es prioridad que no pase por algo así es ella, no tiene herramientas como una persona normal para racionalizar lo que pasó y superar el trauma. No sé, me la imagino re perturbada…y si no muero ahí intentando salvarla me volvería depresivo de verla nomás, mortificándome toda la vida y me terminaría suicidando. Ya de por sí me comporto como buscando la excusa para recibir castigo, así habría encontrado la excusa perfecta para pegarme un tiro…
-O sea que si la quieren agarrar a tu vieja, te hacés el boludo mostrando algo de indignación, pero sin ofrecer tu vida.
-Hay un estudio sobre una comunidad…
-Daaale jajaja
- Pará. Hay un estudio etnográfico sobre una comunidad, creo que de Malinowski en las islas Tobriand.
-Ahá.
-Cuando alguien moría, las minas tenían que mostrar signos de dolor y sufrimiento desgarrador, tirarse tierra en el cuerpo, llorar, todo. Los familiares ¿No? Y se ponían en grupo para hacerlo, ponele que era un flaco el muerto, bueno, entonces la madre, las hermanas, etc. Pero también la esposa y sobre todo la familia de la esposa, porque si no mostraban ese padecer en el ritual se pudría todo y no les correspondía nada en el reparto de los bienes.
-Ahá, claro.
-Onda que cuando alguien moría todos pensaban en los bienes, era particular de esa cultura, como acá con los regalos de navidad. Viste cuando alguien se va del país y quiere vender todo ya, casi regala las cosas, y que aparece gente de cualquier lado desesperada por conseguir algo por dos mangos. Bueno así.
-Re piola. Acá nos hacen vestir de negro y ponen un cura a decir pelotudeces de alguien que no conocía. Seguro el cura es pedófilo.
-¡Ja! Si. Y resulta que el tipo este que los estudia se da cuenta de que las minas tienen-que mostrar dolor, y que no lo hacen así espontáneamente. Así como algo más teatral, no de posta.
-Bueno pero si él se da cuenta y la familia del fiambre no, son medio pelotudos, cualquiera. ¿Cómo que se dio cuenta?
-Pero no, o sea…
-Era rubio y de ojos celestes, claro. Y cristiano.
-Jajaja no boludo o sea, claro que la otra familia se daba cuenta de que era un acto todo, pero era el ritual. Ellos querían que den los signos ceremoniales del funeral como muestra de respeto al grupo, no importaba que sea fingido o no. Reclamaban respeto, y el dolor en sí no era importante, era…
-…el símbolo de ese respeto.
-Cláaa…
-¿Y entonces?
-¿Bueno y viste esa peli “Cuatro funerales y una orgía”?
-No existe esa película.- dijo sonriendo.
-Debería existir. Pero viste que en los funerales de gente de plata todos los interesados en la herencia por lo menos tienen que ir al funeral. Puede ser una cláusula del testamento que se lee después, imagináte. Yo haría eso.
-Y si quieren morder algo sí, mímino tienen que estar.
-Es así, todo pasa por ahí. Lo reconozcamos o no, es secundario. Bueno, y con mi vieja pasaría algo así.
-Jajaj ¿Cómo?
-Nadie, ni ella, me podría pedir con autoridad moral que yo dé mi vida para que no le hagan eso. Y enton…
-Decílo, que la violen.
-… y entonces yo daría mi señal de respeto. Tendría que demostrar que eso me parte el alma, sacudirme en la silla o en el suelo sin amenazar seriamente mis ataduras, enloquecido, rabioso, hasta llegar al momento de la frustración y de llorar desconsoladamente. Tendría que vivir con eso, pero se puede pilotear.
-Para mí que no la querés a tu vieja, que querés que te diga….
-Tomatelá hijo de puta…
-Jajaja!
-Si no me pasas el control remoto me garcho a la perra. Ahora.
-Te recomiendo a Selene que está en celo.
-Dale paja cambiá de canal, odio esta publicidades de mierda. “Mandá joda al 2020.” ¿Qué mierda se supone que va a pasar? ¿Aparece una bola de espejos de la nada? La verga!
-Sale una trola mágicamente del celular y mueve el culo. Y ahí si mandás “culo” al 2020…

(risas)

No había pasado mucho desde eso, y me servía para pensar desde esa óptica. Porque una comunidad que diese la vida por la supervivencia de otra es simple, dejaría de existir. No sabríamos nada de ella y evolutivamente sería un fracaso. Una comunidad que en condiciones de escasez de recursos puede sobrevivir es porque acapara esos recursos, a menos que emigre a otro lugar. Y al analizar una zona geográfica dada, las que hayan emigrado son irrelevantes. Interesan las que pudieron quedarse, y cómo lo hicieron. Como dice el Dos-Caras, te morís siendo héroe, o vivís lo suficiente para convertirte en villano. Mi intento de explicación era que se trataba de un líder. La gente sufriendo, temerosa de ver morir a sus hijos de hambre o de sed comienza a exaltarse, y acentúa la frecuencia sus danzas de la lluvia o lo que sea. Pero nada de eso funciona. Y entonces el pueblo ya está dispuesto a cualquier salvación, sea cual sea. Dispuesto a seguir a quien sea que proponga una salida, cueste lo que cueste. Es decir, todo estaría preparado para la aparición de un gran lider, patriarcal, de tipo militar. Alguien capaz de coordinar la fuerza hasta entonces confusa de los individuos y formar un cuerpo coordinado (Y pensé en los grandes conquistadores, incluso los fascistas contemporáneos, desfilando ante mis ideas, como escudriñando una pintura; los veía asentir levemente, con interés). El impulso vital de esta unificación a modo de esqueleto era la voluntad de poder del líder, su capacidad para ser obedecido. Es lo que permite hacer planes sólidos por ejemplo para invadir una aldea, y a la vez reaccionar rápido al ser invadidos. Un consejo de ancianos no sirve ante una situación así, genera demasiadas variables y posibilidades de traición por la filtración de la información. (Una imagen del parlamento democrático volando en pedazos pasó en un flash). Como hacía Ezequiel con sus planteos de mierda, había que llevar la situación al límite, como una prueba de simulación, y establecer probabilidades de supervivencia. Una voluntad que domine todo puede decir vuelen el puente sobre el río para que los invasores no lleguen, y el puente se vuela. Si fuese por los ancianos para cuando la aldea está prendida fuego todavía van a estar discutiendo. En ese sentido un gran lider garpa mucho más. Con el tiempo, el lider muere, pero su deseo de perpetuarse lo lleva a establecer un heredero para su legado, no necesariamente un hijo, y puede que el sistema de poder se sostenga, puede que no. Pero si sucede ¿Cómo es que sucede? Y entonces volví al principio, al establecimiento de una cosmovisión más o menos firme, una versión de lo que es el mundo y el significado de la vida. La luna, el sol las estrellas, los animales, el mar, las montañas, la putrefacción de los cuerpos. Todo tenía que tener sentido en una especie de cuento pleno de simbolismo. Probablemente la comunidad ya tuviese alguna clase de sistema de creencias que preexistan al gran líder. Mi interés pasaba por cómo éste debía consensuar con esta visión, públicamente ante sus súbditos, para legitimizar su poder político. Un chamán respetado, una hechicera de prestigio. Un detentor espiritual. Napoleón me miró mientras recibía la corona de las manos del Papa, me guiñó el ojo mientras se la colocaba él mismo, y Constantino se reía por lo bajo. Es ahí, en ese cruce, cuando el poder político se vuelve religioso, y viceversa. Ahí el líder empieza a meter mano en el orden del universo y mete lo que le conviene. Enrique VII tosió. Y cuando logra volverse representante de las fuerzas espirituales sobre la Tierra, la farsa es completa. Cuando un sistema así echa a rodar tarde o temprano aparece un dios al estilo monoteísta, o al menos un dios supremo que domina a los dioses menores. Cristalización personificada, antropomórfica, en la conciencia de los dominados de ese poder que los enreda, el que todo puede, todo lo ve, y todo lo juzga. Y quien tuviese la marca del poder era la voz de ese dios en este mundo, más valía seguirlo. Era la salida más eficaz para que el poder sobreviviese a los líderes históricos, a los malos líderes sobre todo. Cuando un pelotudo cualquiera pueda gobernar sabremos que la civilización habrá progresado al máximo. El próximo paso sería el último de la humanidad: Deus Ex Machina.

Sabía que estaba dejando cabos sueltos, problemas irresueltos. Pero la seducción de entender de qué se trataba todo era muy fuerte, y me llevaba a toda marcha. Todo buen orador sabe evitar los detalles que complican todo, recorta, simplifica lo conflictivo, lo que no sirve para contar su historia. Sabe generar la sensación de que las cosas cierran, y es entonces cuando mejor miente. Y todos adoramos a los buenos oradores, casi olvidamos que para tener carisma hay que saber mentir bien, redondear los ángulos agudos de la realidad. La gente lo pide a gritos.


Imagen: "Eyes see U 2", de Flame Eluge

sábado, 28 de noviembre de 2009

La pregunta por el saber

Desde la epistemología se nos alienta a interrogarnos por la pregunta acerca del saber en sí mismo. Eso me hizo pensar que o se asume de antemano alguna clase de respuesta válida, o que al menos el ejercicio de preguntarse al respecto es productivo, que vale la pena. Tal vez el sentido que el efecto cronológico provoca nos sirva para explicarlo, pero antes voy a decirlo desde el principio: hay algo alrededor de este asunto de la verdad que huele mal.
Para algunos la alegoría de la caverna de Platón representa el camino al alumbramiento. Cuando se admite la ignorancia y la oscuridad que nos rodea nos vemos tentados a asumir que ello nos acerca algunos pasos hacia un saber más fiable, y acaso (anzuelo mordido) definitivo. Guiados por esta esperanza confiamos en que si bien no tenemos la verdad ella existe en alguna parte en lo alto (suena bien a menos que tengamos en cuenta a Yuri Gagarin...). Platón se equivocaba cuando censuraba los saberes de la caverna al ensalzar los del iluminado, puesto que si ese iluminado no es capaz de convencer o someter a los que se quedaron entretenidos en la oscuridad no hay utopía que valga: no funcionará. Sabemos que Platón políticamente fue un fracasado.
Si el saber es poder, siempre es una construcción social. Siempre se manifestará de alguna forma por parte de alguien hacia otros, en forma de discurso o indirectamente en forma de artefacto. Como sea, un saber enteramente abstracto es un oximorón. Un saber que no se despliega es un fuego que no quema. Así, el saber será siempre relativo a un contexto histórico determinado, en el que estarán operando condiciones específicas por las que algo pueda llamarse verdadero. Incluso cuando en oposición al poder alguien levante la voz indignado, en el fondo apela a algún ideal particular y propio de su época. Es lógico que nos sintamos el centro de la historia, pero no es la primera vez ni la última que ella nos vea pasar con esa convicción.
Bacon no se queda atrás en la mortificación de los sentidos, y al igual que Platón aspira a un conocimiento definitivo, en este caso de las leyes de la naturaleza por medio del método científico. También ahí hay algo que suena a falsa promesa, al menos en parte. Kant se percató de ello, y entremezcló los requerimientos practicos de un método científico con las condiciones a priori del conocimiento humano. Una mano lava a la otra. En el fondo harto de tanto desvarío metafísico advirtió que era necesario determinar los conceptos, ya que los cimientos de la torre de Babel es que todos hablen el mismo idioma. Y otra vez en el fondo hay algo de trampa en esto de lo que es y de lo que se necesita para que podamos decir que algo es. El mundo verdadero ya no era posible, pero sí necesario teóricamente ¿Para qué? Para ejercer el poder. El estado de todos contra todos no lo permite, y Hobbes lo sabía.
Nietzche es quien ya habla claramente sobre este tratado de paz. Podremos no saber nada en absoluto, pero mientras acordemos en algo, sea lo que sea, ya estaremos encaminados. La esencia de las cosas no es sino la esencia del dogma acerca de lo que se precisa pensar para que las cosas sean. A medida que va pasando el tiempo nunca falta quien se ensueña en este requisito práctico para ponerlo en un altar tornando el efecto en la causa, y el embuste queda completo. Incluso ya podemos creer que el mundo verdadero es asequible. Por supuesto eso no sucede de manera históricamente identificable, es a la vez una simplificación grosera de la historia de la humanidad para que nos demos una idea de en qué estamos metidos. Y al hacerlo, no podemos sino ser cómplices de la verdad, de las condiciones de saber que ella impone.
Aquí el saber muta y pasa a ser la conciencia de la imposibilidad del saber absoluto, tal como lo postulaba Sócrates, concepción aparentemente desanimadora y en desventaja, pero si hay un muro en el horizonte adonde apuntamos, siempre es mejor saberlo. Actualmente el saber pasa en mucho por el establecimiento del límite a las aspiraciones de lo absoluto, consigna que siempre distinguió al posmodernismo. El positivismo, creyendo ser capaz de aprehender las leyes de la naturaleza no aspiraba sino a poder ejercer un poder por sobre todas las cosas, y en ese sentido la muerte de dios fué como una fiebre de oro de la tecnología. El mundo era una mina inexplotada. Fueron los horrores de la guerra en el SXX (sobre todo la 2º) los que darían el principal influjo a que se empezase a desconfiar de las excesivas esperanzas puestas en la ciencia, que se tendiese más a pensar que siempre hay algo indeterminado que excede a la razón, y que aunque sea infinitesimalmente puede provocar un desastre. Siguiendo a Tusam, Chernobyl demostró que "puede fallar".
Sin embargo en las últimas décadas se advierte una especie de síntesis que proviene de la experiencia y que deriva en una ciencia más madura. Muchos matemáticos ya no tienen problemas en decir que una ecuación es una obra de arte. Aún cuando las tendencias deterministas subsistan en el biologicismo galopante no se trata de un corpus teórico serio, antes bien de una imagen que se pretende acompañe mejores ventas en campos como la clínica farmacológica, donde hay una pastilla para cada malestar (y la mercadotecnia simpre implica que lo que dice un eslogan no es necesariamente cierto, pero si conveniente). Lo que parece cobrar más vigencia es lo que surge en la conciliación (o choque, según como se lo vea) entre la necesidad de adquirir poder y la imposibilidad de dominarlo todo. Es el razonamiento que hay detrás de la designación de un juez: no se pretende que sepa todo, pero ya que es necesario designar a alguien que dicte sentencia en las disputas, que sea alguien lo mejor preparado posible. Desde este pragmatismo se sabe que aún cuando no se pueda determinar con exactitud la correlación entre cada átomo del cuerpo humano con los que lo rodean, eso no evita que pueda evitarse una enfermedad X aplicando una vacuna X. El saber se fragmenta, se hace válido según el objetivo y el campo el que se aplique, se relativiza. No importa que algo sea cierto o no en lo abstracto, importa que funcione. Es un pensamiento volcado de lleno a la tecnología y menos hacia el discurso ético y filosófico. Hay experimentos medicinales en humanos por parte de los laboratorios en África en beneficio del Primer Mundo, pero está bien mientras no se haga ruido sobre eso en los medios, mientras los consumidores presten atención a otra cosa. Eso evita el dilema. Probablemente más de la mitad de quienes lean esto usen calzado hecho en algún país del sudeste asiático en condiciones deplorables, pero está bien mientras nadie se detenga a pensarlo. En este sentido la ciencia actual, detentora por excelencia del saber, se benefició del discurso posmodernista: si todo es relativo, la relación entre la carne y los mataderos es la misma que entre el mar y la cotización del dólar ¿Los impuestos que la gente paga en EEUU van para la guerra? Bueno... ¿Quién sabe verdad?
En Nietzche se entreveía que detrás del saber siempre está la voluntad de poder, no es nada descabellado que Foucault viniese después a decir a decir sin rodeos que el saber es inseparable del poder, que ambos son caras de la misma moneda. Desde el poder se sabe que la gente siempre está insatisfecha, y que por ende siempre tendrá motivos para quejarse, incluso aunque todos estuviéramos en el cielo que las religiones prometen. La fe nunca puede constituir un saber, porque no implica un poder, sino un ponerse a merced de algo o alguien. Y si el mundo perfecto es imposible, los que sabemos siempre correremos con ventaja sobre los ingenuos.

Imagen: título desconocido, de Quentin Lëwn

lunes, 28 de septiembre de 2009

Debate y consenso

Una de las cosas más cómicas que me tocó observar en lo que va de cursada fué cómo en el último plenario se iba llegando a una especie de consenso a medida que se iban retirando de la clase más y más personas porque se hacía más y más tarde (cuando finalmente todos nos levantamos ya eran las 23.15). Es evidente que en la medida en que se llegue al acuerdo que sea por esa vía el plenario será siempre una ficción que no lleve a ninguna parte. Una de las razones por las que el consenso se hacía imposible, era la insistencia de cada uno en cerrarse en la propia lógica, desde un individualismo ingenuo. Es decir, todos creen saber qué es lo mejor para todos buscando sin saberlo lo mejor para uno mismo. Para ejemplificarlo, es como el mecanismo psicológico que subyace al mártir cristiano, que necesita sacrificarse por el resto para sentir que vale algo. Tenemos que ser más pragmáticos muchachos. Tenemos que encontrar la manera en que los intereses individualistas de cada uno se encuentren complacidos en la mayor medida posible, es decir, poder desarrollar una salida al asunto de la evaluación y la calificación que logre concatener la divergencia de intereses y razones de manera que nadie sienta que se quedó afuera, y a la vez, que todos puedan sentir que no había forma de salirse con la suya en mayor medida porque tal cosa sea inviable (por ejemplo, que todos ustedes tengan 1 y yo 10, evidentemente nadie consentiría conmigo en ello jajaja). De ese modo, creo que algunos no quieren que todos tengamos 10 porque en el fondo puede tomarse como un acto ficticio, o sea bajo la lógica de la Academia. Imaginemos que en Exactas se enteran de esta cursada.

-¿y que onda?
-Se terminaron poniendo todos 10! jajajaja
-Ahhh cualquiera! un título así no lo cuelgo ni en la pieza eh

Por un lado asumiendo que esta cátedra se propoga reformular la lógica académica integralmente en estos términos, supongamos: ¿qué empresa tomaría como parámetro aceptable para tomar aspirantes a un puesto un promedio de una facultad donde todos tuviesen 10 en todo? entonces ¿Tiene sentido pensar la salida de ponernos todos 10 pensando en el sistema de mercado? ¿La lógica de mercado prescribe la lógica de la Academia? ¿Se pretende además de un cambio académico alguna clase de transformación del orden económico? No es mi caso al menos. Creo que la democracia tal como la conocemos es un asco. Pero también creo que la queja es una condición humana y una de las mejores conquistas es que haya libertad de expresión para la misma. Peor sería un sistema socialista donde no hubiese un marco cuantitativo para el mercado que de todas formas habría (en este caso hablamos de mercado laboral). Me hago cargo de esto, y me hago cargo de decir que en ese sentido ponernos todos 10 sería un delirio, y que afecta la calidad institucional de la Facultad, es decir da imagen de poca seriedad.
Por otro lado, ponernos todos 10 puede ser un medio para poner de relieve el malestar de la Academia, sin que por ello se pretenda que en un futuro plausible el nuevo sistema de calificación recaiga en que todo el mundo se saque 10 en todo. Tal vez esta cátedra sirva como un "parar la pelota", un "cerrar los ojos para ver" a lo Derrida, y permitirse pensar que se evalúa cuando se evalúa, bajo qué parámetros se califica. En ese sentido, ponernos todos 10 es llevar el propio sistema imperante al absurdo. Me gusta esa idea: somos poco serios, porque el sistema académico tradicional se volvió poco serio en primer lugar. De este modo, no hay que preocuparse por lo negativo de las repercusiones, puesto que viéndolo así, tales reacciones van acorde a nuestros fines: poner de relieve un malestar por las cosas que se están haciendo mal bajo la fachada de imagen institucional, y es que "algo anda mal en la Academia". Es una medida política en pos de una facultad mejor (y pobre el que hace política cuando dice que justamente no le gusta esa palabra).

Sabemos que la opción de calificación por grupos es inviable. Es decir ¿Cómo evitar que calificando yo a mis compañeros no empiece a jugarse una especie de circuito de retribuciones y venganzas, y que en base a ellos se instalen prácticas de negociación ("poneme 9 y yo te pongo 9")? Dada esa situación, yo sería el primero en empezar a pactar, pero nadie podrá negar que su juicio estará afectado por si el compañero lo aprobó a uno o no. Metodológicamente no es válido. En ese sentido creo que lo mejor que podemos hacer es separar evaluación de calificación, pero tal vez en un sentido muy diferente al que algunos entienden esa división. Pienso DE QUE (jaja) todos tenemos que tener 10 para evitar ese conflicto, lo cual implica que una calificación por ende debe provenir de un cargo institucional que permita al calificado sentir que una instancia superior a él determina su rendimiento (y así puede amortiguar el sentimiento de ofensa, porque no es lo mismo decir "el forro del profesor me reprobó" que decir "el forro de mi compañero de grupo me reprobó"). La relación indisoluble entre saber y poder. En cuanto a la evaluación, creo que no debe pasar por un momento a lo Operación triunfo en que el grupo le dice al alumno si estuvo bien o mal. Eso me parece una payasada ingenua, porque como dije, sería el primero en tomar represalias, y tales condiciones validarían mi estrategia, en mi caso y en el de cualquiera que la aplique. La evaluación creo que tiene que pasar por la valoración personal que cada uno hace de los miembros de su grupo sin que eso se ponga en juego como mecanismo de poder, de "poner nota" (siempre y cuando no entendamos a la mera interacción social en sí como mecanismo de poder, lo cual sería válido). En mi caso, estoy muy a gusto con mis compañeros (tal vez no lo estén conmigo pero bue), tanto en el taller en general como en la instancia de discutir los trabajos puntualmente me parece que valió la pena asistir siempre que pude hacerlo. En el plenario me encuentro con que a veces se vuelve un poco caótico porque las personas que hablamos más estimulamos a los menos propensos a hablar a que se queden en el molde, dando lugar a veces a sensaciones ficticias de consenso generalizado, cuando en realidad hay triunfo de unas perspectivas sobre otras. Las de los que hablan por sobre las de que no hablan. Y hasta ahí llega mi evaluación. No pretendo más.

Aún asi, me queda algo por remarcar. Nada de lo que dije quita el hecho de que sacándonos todos 10 alguien que quiera mejorar su promedio sonría satisfecho y en silencio. Esa persona sabrá que es imposible que en la otra cátedra todos saquen 10 (si es que alguien saca un 10 jajaja), y de ese modo se está beneficiando a costa de todos los que la cursan. Desde ese punto de vista, todos nosotros lo estaríamos haciendo. Pero no censuren al utilitarista, sea como sea, forma parte del colectivo y lo necesitamos. Negar que haya gente que busque sus intereses puramente individuales en esta materia nos cegará respecto del camino al consenso. Ofrezcámosle algo que él quiera (el 10), y obtengamos lo que nosotros queremos (una medida política). Y todos contentos! Pero... ¿No seré yo el utilitarista que busco ese 10 so pretexto de poner de relieve el malestar académico? Y eso qué importa. Se llama falacia ad hominem. Si mis razonamientos funcionan... funcionan. Así de simple.


Nota: este texto fué enviado como aporte al grupo de mails de la materia Epistemología y Métodos de Investigación social de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA en relación al debate sobre el sistema de evaluación y calificación en la materia en corriente discusión al momento de la publicación de este posteo.

Imagen: Título desconocido, de Cam de León

El Reglamento

Cuando terminé de leer el Reglamento buscando material para hacer esta evaluación me surgían varias preguntas. En parte se trataba de interrogantes que preexistían a esta materia y en parte a otros que se originaron a lo largo de lo que llevamos de cursada. Demoré hasta último momento la realización del trabajo porque no estaba seguro de poder abarcar mi óptica en la evaluación, es decir darme a entender como necesitaba hacerlo y a la vez corresponder a lo que yo presupongo que tiene que hacerlo una evaluación. Decidí que no podía hacerla sin en varios puntos transgredir mi propia lógica desde la cual estoy acostumbrado a realizar un trabajo de evaluación.

Sinceramente creo que por parte de varios de mis compañeros, al menos en clase, hay cierto componente de ingenuidad en la crítica. En el fondo creo que se trata de la negativización del poder, y peor aún! de la relación de necesariedad entre saber y poder tal como la entiende Foucault. No creo que Foucault haya remarcado esa relación para combatir el saber-poder (lo cual para mí sería absurdo), sino en todo caso para una aplicación más prudencial de ese saber-poder que no sólo restringe sino que es productivo, y yo agrego: inevitable. Donde hay dos personas, hay poder, y si hay poder, no puede haber simetría. En ese sentido sentía que cada condicionamiento en el Reglamento hacía resonar en mí las palabras de Foucault:

“Se trata de saber no cuál es el poder que pesa desde el exterior sobre la ciencia, sino qué efectos de poder circulan entre los enunciados científicos, cuál es de algún modo su régimen interior de poder, cómo y por qué en ciertos momentos dicho régimen se modifica de forma global”


Tal como los humanos devenimos eventualmente en algún sistema lingüístico para interactuar socialmente, asimismo las sociedades se institucionalizan, es decir, asumen determinadas estructuras de poder que se construyen históricamente. En ese sentido, es inevitable que haya quejas. Mi interés no pasa entonces mientras leo el Reglamento en si podría o no ser diferente (por ejemplo desde la voz de un aspirante que no sume suficientes puntos), antes bien me preocupa pensar si efectivamente está basado en un sentido práctico con los intereses de la Facultad y como esa corresponcia se articula a su vez con mis intereses. En ningún momento siento que los intereses de la institución tengan que estar identificados con los míos, pero no por eso creo lo contrario, que se opongan a ellos. Es insostenible la idea de un grupo de individuos persiguiendo un fin común (en este caso, los jefes de la cátedra por un lado y el aspirante por el otro). Creo que si a eso apunta esta materia, apunta mal. Creo que es más acertado contemplar de antemano que cada individuo irá en pos de sus intereses egoístas inevitablemente confrontados a los de otros, y este caso no es la excepción. Creo que en ese sentido una institución tendrá que lidiar con conflictos de intereses y favorecer el mejor desenlace posible, siempre “injusto” en algún punto. Creo que una institución como esta Facultad necesitará de una forma u otra aplicar algún criterio que recorte candidatos, porque no pueden todos los aspirantes ser aceptados para lo cual aspiran. No es que no pueda imaginarlo, puedo imaginar un desastre en su esplendor (al menos con el presupuesto educativo actual). ¿Y qué criterio es ese? ¿En qué consiste ese recorte? Sea como sea, siempre quedará gente afuera del recorte que protestará por ello.


Concuerdo con la visión de Bordieu cuando enuncia el fenómeno de la acumulación de capital científico, de los mecanismos de prestigio, de los requisitos para publicar. El efecto de su exposición no pasa por negarle a la cientificidad toda validez, sino de negarle la validez absoluta per se, naturalizada. La ciencia produce un saber teñido de luchas internas, pero a diferencia de lo que entiendo como el sentir de algunos de mis compañeros, no a pesar de ello, sino en base a ello. Se trata de la relación indisoluble entre saber y poder. Me opongo a esa visión tanto como me opongo al que piensa que por ir a un matadero a presenciar como matan una vaca dejaría de comer carne. La mataría yo mismo, y yo mismo si quisiera ser aspirante no tendría problema en acumular mi capital científico en vistas a ello. No veo que haya conflicto.

Creo que aquellos que sostienen un idealismo colectivista no entendieron todavía el aporte de Malinowski cuando, en el seno de lo que se creía el exponente máximo del esprit de corps “primitivo” (las Islas Tobriand), demostró etnográficamente que tal pretensión era una falacia. El ser humano ha sido egoísta, es egoísta, y es razonable suponer que seguirá siendo así. Este énfasis mío viene al caso porque entiendo que es imposible que una institución pueda adecuarse a los intereses de todos, ya que concibo las estructuras de poder como los dispositivos por los cuales algún interés deviene históricamente dominante. A su vez, el poder institucionalizado se legitimiza mitificándose, escondiendo la violencia de su dominación imponiendo su versión de la historia como la verdad, imponiendo condiciones de enunciación de verdades. Y es claro que no puede ser de otra naturaleza el origen de toda ley coercitiva como en este caso lo es el Reglamento: el poder. Al decir de Foucault:

“Pienso que no hay que referirse al gran modelo de la lengua y los signos, sino al de la guerra y la batalla. La historicidad que nos arrastra y nos determina es belicosa; no es habladora. Relación de poder, no relación de sentido”.


Cuando Foucault dice que el poder es productivo, quiere decir que además de restringir, lleva a producir saber, induce placer, hace actuar y hablar. De este modo, a cada restricción que el Reglamento impone, se crea a la vez un determinado espectro de posibilidades de creación de un saber, científico claro está. Por ejemplo, si el Reglamento otorga puntos por asistencia a seminarios, no sería raro que eso favorezca la creación y el sostenimiento de diversos seminarios; que para tener éxito en una entrevista el aspirante practique su elocución; que para poder ostentar publicaciones practique su estilo de escritura; etc. Y yo agrego, que además es productivo en el sentido de resultar en un mayor aprovechamiento de los recursos disponibles que en el caso en que el poder no estuviese. De ese modo ¿Hay que cambiar el Reglamento? Todo depende de si puede enunciarse otro Reglamento que pueda devenir en una mayor productividad científica (entendiendo dentro de ella a la producción concreta como a los discursos que hagan crítica de ella para una producción más prudente). ¿Es posible un Reglamento así? No lo sé, pero al llegar al final de esta evaluación estoy satisfecho al menos de haber encontrado un punto concreto a partir del cual en todo caso estipular dicho cambio.

Para concluir, me permito complejizar la relación poder-saber citando a Nietzche, lo que tal vez sirva a la hora de interpretar mi perspectiva de que no hay escape del poder, sólo puede haber encubrimiento:

“¿Queréis un nombre para este mundo? ¿Una solución para todos los enigmas? ¿Una luz también para vosotros, los más ocultos, los más fuertes, los más impávidos, los más de media noche? ¡Este mundo es la voluntad de poder, y nada más! ¡Y también vosotros mismos sois esa voluntad de poder, y nada más!"

Nota: este ensayo, en carácter de articulación crítica con el Reglamento de aspirantes para ayudantes de cátedra, fué entregado como trabajo de evaluación en la materia de Epistemología y Métodos de Investigación Social de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

Imagen: Lapins rouges, de Emmanuael Malin