Tormenta que enlazas tendida en el cielo telones de vientos, del aire los despojos. Violenta desatas el espasmo sereno, con áureos momentos rompiendo en sollozo.
Pero vieras mi alma hendida en el suelo, los huesos quemados, hirviéndome los ojos, de grietas surcada la piel por los destellos, rencores inflamados del infierno leproso.
Antes de que mi carne se haya derretido ¿A enredar vendrías tus labios con los míos cuando trémulo pida un alivio de la sed?
Tú, funeral del día, embriagas mis sentidos. Sabe que en mi nace anhelante un suspiro cuando tu cabellera contemplo amanecer.