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sábado, 6 de marzo de 2010

Mi primer pseudo-orgía

 Creo que todo empezó hace mucho tiempo, cuando me topé con libros del marqués de Sade, pero fue cuando conocí un blog de relatos eróticos hace unos meses que empecé a coquetear mas en serio con la idea de tener una experiencia libertina. A mi me gusta llamarlas así porque a pesar de lo que puedan decir los swingers del respeto, lo cierto es que se quiebran ciertos cánones clásicos, que hay un contraste entre el juicio de los más puritanos y las miradas cómplices que hay entre los libertinos en los mejores momentos (que no puedo calificar sino de perversas). De sólo pensar en ese veneno de las miradas a lo Andrew Blake me da tanto morbo…Me encontraba fantaseando mas a menudo con escenas de tríos, de orgías, de intercambios, de guerras silenciosas: en el colectivo, en el trabajo, en la facultad.

Había conocido a esta chica. Sumido en ese encandilamiento que da inicio a todas las buenas historias pasamos muy buenos momentos, teniendo ansiedad del próximo encuentro, extrañándonos, imaginando como sería hacer el amor. Cada noche que pasamos juntos nos complementábamos mejor, haciéndole jugarretas al deseo, dejando siempre algo para hacer en la próxima que pudiéramos anhelar. Así pasaron varios meses y nos apegamos bastante. Ella tenía esa costumbre de pellizcarme en los lugares públicos, y yo tenía que controlar mis reacciones de risa/dolor. Cuando con sonrisa triunfal le decía que es una sádica, que su rechazo a la violencia es una hipocresía, ella me decía que lo hacía para mi placer, porque supuestamente soy masoquista. Y yo no se lo podía negar el todo, así que mientras ella me seguía pellizcando y yo disfrutaba pensando que junto a mí sacaba a relucir su enmascarada violencia, pasábamos un buen rato.
Habíamos hablado varias veces sobre el asunto de tener experiencias con más personas y yo ya había despachado mi artillería contra los celos en las parejas, contra la monogamia burguesa, a favor del placer y del verdadero amor. Ella no se oponía, sino que asentía pensativa, como si le estuvieran mostrando un punto de vista lógico para cosas que ella venía pensando desde antes. A medida que yo me mostraba más abierto pude darle la seguridad de que no iba a tratarla de poco femenina o algo así por tener estos fantasías, sino al contrario, y se soltó más a intercambiar ideas. Nuestro ideal convenido quedó en un trío con otra chica. Su condición era que esa chica se parezca a Celeste Cid, lo que me dio mucha risa por lo tramposa que estaba siendo, pero era un comienzo. Cuando estaba solo en mi casa pensaba en que ella a lo mejor fantaseaba con Celeste Cid y conmigo dándole placer, y cuando me quería dar cuenta me estaba mordiendo el labio inferior a lo dat ass.
Un día quedamos en vernos en el centro, sinceramente no sabíamos que íbamos a hacer. Pero un ratito antes de salir me llegó un mail de la chica blogger atendiendo mi pedido de recomendación de un bar swinger. Chequié la dirección. Era fácil llegar y parecía de buen nivel, así que me costo contener las ansias durante el viaje,  iba ya fantaseando y la cabeza me echaba humo. Cuando nos vimos al poco tiempo le dije de ir a un "antro de perdición" cercano que me habían recomendado. Me hice el confiado, obvio que si me ponía en indeciso no iba a funcionar, y para mi regocijo dijo "dale, vamos". Ella no sabía exactamente adonde íbamos pero confiaba en mí. A pesar de que todo parecía demasiado bueno para estar pasando, tenía que continuar con la pose Sledge Hammer onda "sé exactamente lo que hago".
Llegamos. Nos quisieron explicar una especie de código basico de la gente del ambiente, los dos hicimos gesto cómplice de "no somos idiotas" y entramos. No había demasiada gente, pero pintaba bien. Tomamos unos tragos, mientras la sola idea de estar en ese lugar nos calentaba. Sabiendo que parte del atractivo era mirar y ser observado, nos besamos descaradamente, amenazando nuestras manos los límites de la decencia. Ella, que siempre me sacaba la mano cuando iba demasiado lejos, ahora me dejaba hacer. La gente a nuestro alrededor se conocía, hablaban como si fuesen buenos vecinos o algo así. Nos decíamos que "seguro se juntan desde siempre a hacer de todo, como una especie de comunidad, que envidia...". Sentía que tenía a mi alrededor gente llevando el estilo de vida que yo quería tener algún día. Y entre mis brazos estaba la chica que me permitía estar más cerca de eso, más cerca que nunca.
Cuando entré vi un cartel de una zona de "solo parejas", se lo recordé y fuimos ahí. Entrar a un cuarto a media luz donde hay más de 5 parejas garchando y todos en bolas fué como un sueño hecho realidad. Máxime porque ella miraba con tanto interés como yo, y eso me calentaba todavía más. Ella se rió de mí porque yo miraba más a los reflejos en el espejo gigante de la pared que a las personas mismas, un fetiche (entre otros). Uno de mis miedos era que el lugar resultase grotesco o poco sensual, pero reconozco que había parejas muy atractivas, no solo por lo estrictamente físico, sino por ese canto de sirenas que fué para mí escuchar a muchas mujeres en la misma habitación gemir de placer. Cuando la pareja al lado nuestro, que parecía estar en nuestra misma situación, se sentó en el sillón que teníamos adelante y la chica le empezó a bajar el cierre del pantalón, ya no pude contenerme más. Me senté y ella me lo bajó también, me la empezó a chupar despacio. Mientras miraba al lado mío, la rubia no perdía el tiempo. Me quise matar cuando vi que ella se había venido en pantalón de jean. Claro, si no sabía lo que íbamos a hacer... no me resigné. Le señalé un sillón que estaba un poco más esquinado y rebuscado, le dije que cojiéramos ahí, que yo la tapaba con mi cuerpo. ¿Había estado ella dispuesta desde el principio a hacerlo? ¿Consintió por la calentura del momento? No sé, porque algo que me gusta mucho de ella es que nunca deja de parecerme tímida y tan femenina, por momentos pudorosa, y sin embargo es una pervertida. Pero bueno los hombres nos sentimos re grosos cuando podemos pensar que fue por nuestra irresistible seducción que pasó tal o cual cosa, que infantiles podemos ser, como si la mujer no tuviese su propio deseo. La llevé al sillón esquinado y le bajé el pantalón despacio. Mientras la besaba me terminé de poner el forro y poniéndome encima de ella la penetré. Estaba tan caliente, húmeda. Para los dos era la primera vez que cojíamos a la vista de otras personas (¡que estaban garchando también!), lo más cerca que había estado de una orgía en mi vida. Esa sensación de estar siendo mirados me ponía a mil, y por otro lado me tenía como tensionado y un poco nervioso, por eso fue tan intenso el orgasmo que tuvimos los dos, liberador, ella primero, y yo poco después. Tenía esa sensación de que podía morir en paz y en el nihilismo más puro en ese preciso instante, pero en medio de tantos gemidos poco tiempo pasó para que sintiésemos de nuevo el deseo. Lamentablemente el lugar ya tenía que cerrar y nos tuvimos que ir. Mientras íbamos camino al hotel hablábamos sobre lo que había pasado, porque el lugar estaba bueno, porque el ambiente era genial, porque la experiencia había sido inolvidable. Una vez ahí lo hicimos 2 veces antes de caer desfallecidos. Al otro día, tras poco tiempo de despertar, ya estábamos fantaseando de nuevo. Porque teníamos que volver a ir ahí. Y volvimos.

Imagen: "Mr. Peep" de Brian Holderman

viernes, 12 de septiembre de 2008

La orgía prometida

Hay una historia de larga data con las orgías justo antes del fin del mundo. Parece que habría alguna clase de conexión hoy en día con algunas prácticas ancestrales. Se sabe que en algunas civilizaciones europeas de tipo celta, antes de la expansión del imperio romano se practicaban "rituales de fertilidad" ante determinadas cirnscuntancias de tipo astrológicas (equinoccios, eclipses , etc). En ellas se honraba a la fertilidad, generalmente personificada en la figura de una mujer-diosa (función que podía ser además representada por alguna mujer en caracter de sacerdotisa). Y resulta... que parece que al menos en algunos pueblos la variante del ritual, tal vez su forma mas genuina, era una gran orgía de todos contra todos. No era casualidad entonces que muchas mujeres con esposos infértiles (por ejemplo muy mayores) quedaran embarazadas ese día... Una manera mucho más activa de hacer rendir los frutos de la oración que la que conocemos por estos días no? jaja (como el chiste ese del pibe con ojos rasgados que le pregunta a la madre afro por qué no se parece a ella ni al padre rubio, y la madre le dice "mirá con la que se armó ese día agradecé que no ladrás..."). De acá se desprende mucho del fundamento de que a ciertas personas les obsesione el la cultura celta, los druidas, las brujas, etc. En el fondo a lo mejor fantasean con una comunidad donde las orgías sean una necesidad reconocida, y así poder ligar sí o sí, en vez de que sea un tabú morboso teñido de obscenidad.

No queda claro hasta qué punto sabemos por qué hacemos ciertas cosas pautadas socialmente, aún cuando tengan una función delimitable desde la observación antropológica (en este caso favorecer la procreación del pueblo en cuestión), por lo que lo más probable es que no podamos restringir todo a una sola generalidad, sino que mientras algunos individuos dotan efectivamente de espiritualidad a los rituales (el que cree que su dios se materializa de posta en el pan de la hostia), otros se apegan a ellos sin esa intensidad, pero con un sentido práctico igual de útil para las instituciones tradicionales (una solterona metiéndose en un convento, un sacerdote de familia pobre buscando ascenso social, etc). Así, no puede descartarse ni al que se prendía a las orgías por hedonismo, ni al que creía que así entraba en profunda comunión espiritual con la diosa. Esta variable no afecta el producto: una terrible partuza.

Sabemos también que la manera en que eran vividos los eventos astronómicos importantes en culturas ancestrales tenía un sentido vital para la comunidad (otra vez, sea espiritual o práctica, por ejemplo con las cosechas). Y hoy día muchas de esas tradiciones llegan a nosotros tergiversadas y moldeadas por su subsistencia al margen del culto oficial (tanto en la conquista de América como en la Europa romana, hablamos de la imposición del cristianismo). Pero de alguna forma llegan. Tal vez cuando se habla del fin del mundo se habla más que del fin de una etapa importante. Atención al mecanismo:
1-al creer que cuando pase algo ("X")el mundo cambiará, nos predisponemos a cambiar cuando se de la señal.
2-llegado el momento pasa "X" (ej: eclipse, alineación planetaria. tormenta, etc), actuamos en consecuencia y cambiamos nuestra forma de actuar.
3-el ambiente cambia por el cambio en nuestra conducta y lo atribuimos a otra cosa, efectivamente porque para que todo esto suceda se necesita la fe de que lo que hacemos no es producto de nuestra voluntad, sino que se cumple alguna especie de plan divino.
4-ya podemos decir que la profecía se cumplió, sin hacernos cargo de nuestro papel (protagónico y exclusivo), sin culpa.

Pero esto funciona si uno cree sin dudar, y uno ve hoy a la gente mirando el momento en que está predicho que pasa algo... los ve esperando la llegada del 2012 onda... "a ver??". No se dan cuenta de que no va a pasar nada que no venga de nosotros mismos, porque ese es el origen y la unica funcion de las profecías en nuestro desarrollo como humanos. Va a pasar lo mismo que pasó en el 2000: NADA. Pero no aprendemos, repetimos sin entender, destapamos la caja una y otra vez buscando algo que jamás va a aparecer... a menos que lo pogamos ahi antes, claro.

Por eso creo que hay mucho de nuestras raíces a la vista cuando se habla del fin del mundo y de orgías. Y siempre me pregunto... ¿Hace falta sentir que se va todo a la mierda para que cumplamos la fantasía?¿Por qué la cercanía de la muerte nos puede liberar de todo pudor?

Imagen: "La balsa de Medusa", de Théodore Géricault